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Niños que mienten, enséñales a decir la verdad

Muchos padres se preguntan qué hacer para que sus hijos dejen de ocultar, invertir o adornar la realidad. Busquemos las soluciones teniendo en cuenta que cada mentira es una fuente de información valiosa acerca de los temores y necesidades del niño.

Como ocurre con casi todas las cosas, la normalidad es una cuestión de grado. La gran mayoría de los niños miente. Se calcula que el 7% de los chicos y el 4% de las niñas lo hace con bastante frecuencia. Se trata de un fastidio evolutivo; una salida de emergencia de una etapa a superar. No en vano, la capacidad para decir deliberadamente lo que no es cierto, la fantasía y la voluntad, crecen al mismo ritmo. Recordemos que, entre los dos y los cuatro años, el niño aprende a decir “no” y a distinguir lo que quiere de lo que no quiere. Con el paso del tiempo, el pequeño descubrirá que sus deseos encuentran límites y que la línea recta no siempre conduce a la satisfacción. En cuanto el niño compruebe que existe un modo alternativo de conseguir lo que quiere o de evitar lo que teme, habrá descubierto un nuevo recurso social: la mentira.

Cuándo empiezan

En ausencia de los conceptos abstractos con los que llegar a comprender la importancia de la verdad, los preescolares, más que mentir, utilizan la reserva y la ocultación. Pero, entre los cinco y los seis años, por obra de la buena educación, empiezan a distinguir el atentado a la verdad como acto deshonesto y socialmente indeseado. Pero, antes de enfrentarnos al problema, sepamos que, cuando los frutos de esta capacidad transformadora infantil son bien canalizados, activarán el desarrollo.

Para estar en condiciones de engañar, el niño tiene que haber desarrollado la capacidad de abstracción y algunos deseos independientes, contar con la imaginación, asumir cierto riesgo, ser consciente de la realidad y conocer de antemano la norma que va a transgredir con su mentira.

Cómo reconocer al niño mentiroso

Cuando los chicos mienten, suelen parecer asustados o ansiosos. El niño -pese a que lo que a veces se dice- es aún un mal actor. Sus relatos presentan contradicciones e incoherencias. Los padres deben escuchar cuidadosamente lo que sus hijos cuentan, sin llevar a cabo una persecución psíquica. No se trata de mirar fijamente a los ojos en busca de los brillos característicos del engaño, ni de someterles a un tercer grado, sino de prestar la suficiente atención a lo que dicen para detectar incoherencias.

Las mentiras de los niños suelen sonar ensayadas. Se han señalado otros indicadores físicos, como cambios en el movimiento corporal, inflexiones en la voz, sequedad de boca, respiración muy profunda o superficial, largas pausas entre palabras… Sin embargo, como sucede en el caso de los adultos, frente a los gestos que nos delatan, no existe un total acuerdo.

Paradójicamente, y en cuanto a la personalidad, el niño mentiroso puede presentar una honestidad militante. La necesidad de purgar el sentimiento de culpa, el deseo de parecer más sinceros o el simple odio hacen que, a menudo, los niños se muestren justicieros, inquisidores y suspicaces.

Claves para entender al niño mentiroso
Entre los cinco y los ocho años, se han encontrado razones de fondo generales que podremos asociar a mentiras comunes. No se trata de interpretaciones inequívocas. Las tomaremos como ejemplos de lo que a menudo significan:

-“Yo no he sido”. Cuando el niño que niega haber roto el jarrón o haber transgredido una norma intenta eludir el castigo que anticipa. ¿De qué tiene tanto miedo?

-“Sí que sé”. Al niño que no sabe cómo hacer algo y dice que sí sabe, esta mentira le sirve para combatir vergüenzas y sentimientos de culpa. ¿Por qué no se acepta?

-“Ese coche es de mi padre, que es jefe”. Si el pequeño se inventa propiedades, gestas o capacidades, podemos entender que necesita aumentar su autoestima o el gusto por su vida cotidiana de manera ilusoria. ¿Qué le deprime?

-“Ayer me insultaron dos policías y les pegué”. Frente a las historias bizarras, podemos sospechar que el niño intenta llamar la atención o conseguir los halagos de los demás, asustar, impresionar… ¿Qué quiere que sientan los demás?

“Pues a Marta sí que se lo compran”. Cuando utiliza las falsedades para manipular, está tratando de obtener algo que, de otra manera, se le niega o prohíbe. ¿Por qué no negocia?

“No sé quién fue”. En ocasiones, mintiendo a los adultos, el niño pretende demostrar su lealtad o proteger a otros, queridos o temidos por él. ¿Qué le guía?

“Me duele la tripa”. Algunos niños recurren a mentiras sobre su salud por inmadurez, para evitar enfrentarse a situaciones difíciles. ¿Por qué las evita?

“Papá dejará a su novia, volverá con mamá y me llevará a la playa”. Cuando los deseos son inalcanzables, el niño puede utilizar la imaginación para encubrir, negar o maquillar realidades dolorosas que no logra asumir. ¿Qué es lo que no asume?

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