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La Hiperactividad en los Niños

Conocida médicamente como TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), afecta al seis por ciento de los niños en edad escolar. Es más frecuente en varones y sus causas son biológicas y están condicionadas genéticamente.
Los chicos que padecen hiperactividad son revoltosos, habladores y poco disciplinados, pero no son malos y, mucho menos, culpables de sus problemas. Hay que tener en cuenta que la causa de su trastorno es física, y no está producida ni por la educación, ni por los padres ni por los profesores.

Algunas características propias de los niños hiperactivos son:

>> De cuatro a seis años. Se muestran inquietos, impulsivos, con falta de atención y desobedientes. Con frecuencia, están distraídos, no parecen escuchar cuando se les habla y las relaciones con sus compañeros o hermanos están marcadas por peleas y discusiones.
Es característico el juego de estos niños. Por una parte no saben jugar solos, pero tienden a apartarse con los juguetes nuevos. Los manipulan hasta que se cansan y los dejan destrozados.
Cuando juegan con alguien, no admiten perder, no son capaces de seguir las reglas del juego, lo que provoca el rechazo de sus compañeros.

>> De siete a doce años. El niño hiperactivo pasa a ocupar el primer plano de la clase. No sabe ser disciplinado y tiene más dificultades de aprendizaje que el resto. Para los profesores es un maleducado y un holgazán. Culpan a los padres de darles una mala educación.
En ocasiones, los profesores aconsejan a los padres que el niño repita curso. Esto no soluciona nada, ya que la hiperactividad no es sólo una cuestión de falta de disciplina.
Todo esto genera en el niño sentimientos, estados y sensaciones de inseguridad, fracaso e insatisfacción.
Si no se le ayuda correctamente, puede padecer depresión, consecuencia de su fracaso para adaptarse a las demandas de su entorno.

>> Adolescencia. La relación con los padres y profesores empeora. El niño hiperactivo se vuelve más desafiante, rebelde y su rendimiento académico disminuye notablemente. Todo contribuye a que su autoestima sea cada vez menor. Los problemas pueden agravarse. Los jóvenes hiperactivos son más susceptibles a ciertos riesgos, como el alcohol o las drogas y, debido a su ímpetu, son imprudentes y más propensos a tener accidentes de tráfico.

La Hiperactividad en los Niños
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