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Importancia de la paciencia en los Niños

La sociedad actual nos impone un ritmo vertiginoso. Desde los medios recibimos constantes mensajes para que obtengamos al instante lo que queremos, bien sea un coche, un viaje, un trabajo… Y éste es el mensaje que llega a nuestros hijos. Los más pequeños no entienden de esperas y los mayores, si no hemos puesto remedio a tiempo, se convertirán en pequeños tiranos que no aceptan un “no” por respuesta.

Miguel, de cinco años, está tironeando de la manga de su madre en el centro comercial. “¡Mamá! ¿Me lo compras?” -dice, señalando un coche teledirigido-. “No, hemos venido para que veas los juguetes que vas a pedir a los Reyes Magos. Ahora no es posible comprar porque, si no, los Reyes no tendrían regalos suficientes para todos los niños”. “¡Pero falta mucho y yo lo quiero ahora!” -insiste Miguel-. “Será mejor que te portes bien si quieres que te traigan algo” -termina la conversación la madre-.

Posiblemente, te haya tocado vivir una escena parecida a ésta las pasadas navidades y que tu hijo, excepcionalmente, haya renunciado al juguete ante la posibilidad de que los Reyes Magos no le traigan nada. Pero, probablemente, en otro momento, la situación no se hubiese resuelto con tanta facilidad. Estamos habituando a los niños a tenerlo todo y a tenerlo al instante. No queremos frustrarlos, ni privarles de aquello que tal vez nosotros no hayamos podido tener. Y esta actitud se extiende a muchos ámbitos de la vida familiar: si estás hablando por teléfono, te interrumpen con cualquier petición; si tienen hambre, quieren que hagas la comida ya, aunque no sea la hora; si estáis de visita en casa de los abuelos y se aburren, comenzarán con el disco rayado de “¡vámonos!, ¡vámonos!…”.

La importancia de la paciencia

Si quieres que esto no ocurra y que tu vida no gire continuamente en torno a sus demandas y caprichos, debes enseñarle a esperar, a tener paciencia, a que no todo se consigue en el momento e, incluso, a que no siempre podrá tener todo lo que quiere.
Educar en la paciencia es hacerlo también en los valores de la voluntad, el esfuerzo y la perseverancia. Es enseñar a no tirar la toalla ante la más pequeña dificultad; a que, en la vida, normalmente se necesita un tiempo más o menos largo desde que deseamos algo hasta que lo logramos; y que, para llegar a conseguirlo, tendremos que poner empeño y dedicación.
De esta manera, le evitarás muchos sinsabores. El no tener ahora un determinado objeto o el no atender inmediatamente a sus peticiones no va a crearle ningún trauma, mientras que ceder siempre a ellas sí va a provocarle inmadurez y una insatisfacción permanete cuando no consiga lo que quiere.

Un proceso gradual

Querer las cosas ya, sin tener que esperar, es muy propio de los niños pequeños y, a determinadas edades (hasta aproximadamente los dos años), la satisfacción de todas sus necesidades es imprescindible para dar al niño seguridad: no podemos demorar alimentar a un bebé cuando tiene hambre, cambiarle cuando está mojado o dejarle dormir cuando tiene sueño.
La medida del tiempo que tienen los niños no tiene nada que ver con la de los adultos y serán necesarios muchos años para que comprendan, siquiera aproximadamente, lo que significa una hora o una semana y para que sean capaces de aceptar por qué tienen que esperar, lo que no significa que tengamos que aguardar a que tengan la madurez suficiente, sino que, poco a poco, tendremos que ir enfrentándoles a situaciones que requerirán su paciencia, pues, si no lo hacemos así, estaremos educando a niños caprichosos y egoístas para los que sólo cuenta la satisfacción de sus necesidades o apetencias sin tener en cuenta a los demás.

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